Friday, 14 October 2011

Tracing the Essence of Liberalism

In his paper "Liberalism in comparative perspective", presented  at the workshop European and Australian Liberalisms: Critical and Comparative Perspectives (National Europe Centre, Australian National University, 15th of April 2009) , Professor Andrew Vincent explores the roots of liberalism, its history, types and values, as well as its possible definition. In the end he concludes that liberalism is a polysemic political narrative.

Among the many very interesting aspects of his paper, there is one that I would like to explore and it refers to the (possible) philosophical foundation of liberalism.

Philosophers and their service (if any) to society


Also at: http://www.onlineopinion.com.au/view.asp?article=12713

According to MacIntyre[1], today’s professional philosopher often “appears strange and unintelligible to the plain person”; an “irrelevant, oddly useless figure of obscure utterance.” Professional philosophers, he goes on, are “carrying further a kind of questioning that is also of importance to those whose work is farming or fishing or making steel. We do so as ourselves plain persons on behalf of other plain persons, contributing to the common good by our work, just as do farmers or fishermen or steel workers by theirs.” Now the usefulness of what a steel worker, a fisherman or a farmer do is evident. So is that of a nurse, a personal assistant or a school teacher. But a philosopher?

Tuesday, 11 October 2011

An Approach to Teaching

If I had to summarise the goal of my teaching in one word, I would probably choose ‘transcendence’. To explain it using an image, I would use a flame, a flame that I possess to a certain degree and that, after the teaching period, is now – as well – in the student (I prefer the singular because each one of them is different, and each one has a different learning experience).

Friday, 30 September 2011

Elementos para una filosofía personalista de la educación

Dice Paciano Fermoso[1] que existen diversos tipos de saber respecto a la educación. Está aquel que se encamina a la técnica de educar, a los métodos para enseñar mejor. Se denomina didáctica. Está después el que más bien tiene que ver con la educación como ciencia, y es la pedagogía. Por último está el que trata de las bases (teóricas) sobre las que se asienta la educación misma, una disciplina más “fundamental” que práctica, que hace no tanto a los quehaceres cuanto a la dirección inicial y final de ese andar: esa es la filosofía de la educación, que busca la contemplación, pero en el sentido original del término griego (“theoría”[2]), cuyo espíritu apunta a un descubrimiento de los principios de lo real[3], de las cosas tales y como son: en cuanto a que no se trata del obrar humano (cómo conducirse desde el punto de vista moral) ni del quehacer práctico (la fabricación o producción de artículos), sino de un observar desapasionado, “admirativo”, “contemplativo”, de lo que está enfrente, con independencia de lo que el observador haga o desee, y principalmente para “saber”, sin una conexión inmediata con una utilidad específica. Así sucede cuando nos admiramos de observar el desenvolvimiento de un capullo o la puesta del sol, aunque no nos reporten ninguna utilidad práctica.

Thursday, 29 September 2011

Educación integral

Preguntaba Chesterton: “¿Qué hace falta para enseñar matemáticas a Pedrito?” Alguien le respondió: “Conocer de matemáticas”. “No,” replicaba Chesterton, “conocer a Pedrito”. Cuando se trata de formar o educar a una persona, especialmente a los niños, se puede invertir horas y horas de tiempo para aprender acerca del tema que se intenta transmitir. Los maestros dedican gran parte de su esfuerzo para elaborar los materiales de apoyo y exámenes. ¿Pero cuántas veces se intenta conocer en profundidad al educando? Tal vez se está enseñando lo correcto, pero de la manera incorrecta. “Conócete a ti mismo”, aconsejaba Sócrates a sus discípulos. De aquí puede partir una reflexión respecto a la educación. Para fundamentarla suficientemente, hace falta no sólo ir definiendo cada vez mejor sus contenidos y objetivos, sino también ir descubriendo a quién va dirigida.

El mito de la media naranja

Hay varios principios que siempre procuro cuidar cuando escribo. El primero, no escribir en primera persona, de modo que traslade la atención del lector, de quién dice las cosas, a lo que dice, que es más importante. Segundo, referirme a datos publicados y verificables más que a mis propias opiniones. Tercero, escribir sobre temas que considero de más interés según los proyectos de estudio que llevo. Y cuarto, hablar sólo de los temas en los que considero que podría aportar un mayor valor, quizá no conocido, al lector.


En este artículo voy contra todos esos principios. Tengo que escribir en primera persona porque hablo de experiencias personales; tomo datos de lo que he visto y vivido sin estadísticas o estudios formales; escribo sobre un tema que no es uno de aquellos en los que estoy trabajando actualmente; y no sé si tengo autoridad intelectual para afirmar que domine este campo más que cualquiera de los que leen. Sólo me atrevo a continuar por dos motivos: primero, que varios amigos y amigas me lo han pedido, me han dicho en conversaciones extraacadémicas que debería escribir esto para más gente; el segundo, porque he sido durante algunos años alguien como el que posiblemente ahora lee: un soltero, bien intencionado, que quiere vivir la fe, a quien le gustaría formar una familia, pero que se encuentra con una situación –también en este campo- algo difícil.

Sunday, 9 September 2007

La vocación del intelectual católico


También en: http://www.elobservadorenlinea.com/content/view/85/1/ y en:


http://periodismocatolico.com/2007/09/28/la-vocacion-del-intelectual-catolico/


Esta semana tuve la oportunidad de participar en un foro de jóvenes católicos preocupados por participar en la vida política y social del país. Se me invitó a introducir algunos puntos para la discusión de un tema y a lanzar algunas preguntas que suscitaran el debate. No sé a ciencia cierta cuánto obtuvieron ellos de mí; de lo que estoy seguro es de lo mucho que yo aprendí de ellos y de su entusiasmo y sus ilusiones por buscar un México mejor. Algo tiene la juventud que renueva. Un país con niños y jóvenes debiera estar siempre agradecido de la fortuna de tenerlos.

Como no hubo tiempo, por la apretada agenda de ese encuentro, de redondear y terminar la discusión, pensé en escribir una síntesis conclusiva para compartirla. Dedico estas líneas a esos jóvenes y a todos los jóvenes católicos que quieren hacer algo por México también en el terreno temporal.

Las preguntas de las cuales partimos para la discusión eran estas: 1º ¿qué es un intelectual católico?, 2º ¿cómo es posible que en un país donde los católicos constituyen un abrumadora mayoría con frecuencia no participan en los foros públicos de discusión sobre temas cruciales de la vida nacional?, 3º ¿cuál debe ser la misión de un intelectual católico en el México de hoy?